LA LEYENDA DE LA SALA DE LOS ESPEJOS

Dicen que en las noches sin luna como la de hoy, muy próximas a la noche de difuntos,  las caravanas ambulantes hacían un circulo con sus carros alrededor de la hoguera y pasaban toda la noche sin dormir, contando cuentos y leyendas. Según una antigua tradición, en estas noches el velo que separa esta parte y la otra se hace más fino y puedes traspasarlo en el sueño sin que puedas hacer nada para impedirlo. Y que si te gusta lo que ves allí, quizás ya no quieras volver y te quedes atrapado en tierra de nadie, ni vivo ni muerto. Es por eso que, para apoyarse unos a otros y no caer en los suaves brazos del sueño, en estas noches se cuentan las historias que, año tras año, generación tras generación, siglo tras siglo, han ido pasando de boca en boca, de oído en oído, para que todos sepan cuidarse del peligro…, y para que aquellos incautos que no creen en los cuentos tengan ocasión de, si así lo quieren, comprobar qué pasa…

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Bueno, como decía, voy a contaros ese cuento. ¿De dónde viene? No lo sé. ¿Quién lo contó primero? No tengo ni idea. La cuestión es que si ha llegado a nuestros días, por algo será…

Dicen que más allá del bosque boreal, en las montañas blancas, viven personas de blanco radiante y rubio pelo, son humanas pero no lo parecen, su caminar es elegante, su forma de andar es pausada, sus rasgos son armoniosos y su voz, melódica. No es muy habitual que los seres de esta raza se sientan llamados a abandonar sus tierras, pero alguno que otro, de vez en cuando, siente el deseo irrefrenable de viajar para conocer el mundo y sus habitantes. Son unos grandes contadores de cuentos. Aquí va uno que escuché en una plaza cualquiera de boca de uno de estos peculiares y maravillosos cuentacuentos:

“Dicen que la antesala del Cielo es una sala de espejos, una enorme sala en la que habitan los espejos conscientes. Cuando las almas llegan allí después de haber abandonado sus cuerpos, sin saber aún muy bien qué ha pasado, se les da la oportunidad de quedarse en esta sala, pero sólo si quieren, ya que no es un castigo ni una especie de purgatorio. No, para nada. Es más bien una gran oportunidad de crecer y aprender, algo así como aprender viendo una película.

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Si eliges quedarte en la sala de los espejos conscientes, el espejo te irá mostrando cada aprendizaje que no realizaste en tu vida terrenal. Cada vez que te comportaste como un niño pequeño y organizaste una pataleta por una trivialidad. Cada vez que echaste balones fuera y culpaste a los demás. Cada vez que eludiste tu responsabilidad. Cada vez que no amaste, que no fuiste compasivo. Cada vez que por miedo no afrontaste tu aprendizaje y dejaste que los demás abusasen de su poder y les entregaste el tuyo. Cada vez que permitiste que te tiranizasen y que te convirtiesen en víctima…

¿Es duro mirar en el espejo consciente, cómo pasaste tu vida persiguiendo un destello en vez de dirigirte a la luz? No tanto como imaginas, pues es tu alma quien está allí, no tú. Ella es sabia y, aunque tiene muchos aprendizajes pendientes de experimentar, el sufrimiento es algo de hombres, no de almas. En este estado, el sufrimiento no existe, aunque un íntimo pesar por haber perdido un tiempo precioso para disfrutar sí que se experimenta. La compasión se adueña de la conciencia al ir viendo las acciones que realizaste. El espejo sólo muestra, sin juicio ni culpa. Muestra qué hiciste y qué podrías haber hecho, la alternativa, el otro camino. Es por eso que esta sala está siempre a tope. Es un buen sitio para experimentar, para crecer, para aprender. Cierto que se podría elegir pasar a estadios de luz más elevados y hacer cola para volver a la Tierra, en vez de estar ahí.

Pero, recordad, dicen que la antesala del Cielo es una sala de espejos, y los espejos te enseñan todo aquello que necesitas saber. Te dan la oportunidad de “ver” cómo podría haber sido tu vida. Así que, ¿quién te dice a ti que en algún momento de ese aprendizaje ese espejo no se convierte en la puerta, en una puerta que se abre y te invita a pasar al Cielo, porque a este lado ya aprendiste todo?”.

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Recuerda que en las noches sin luna que están próximas a la noche de difuntos el velo se hace más fino. Quizás si tienes suerte puedas acceder a la sala de espejos, y quizás puedas estar allí el tiempo suficiente para que los espejos te muestren aquello que necesites saber, y luego al despertar tengas un conocimiento maravilloso que antes no poseías. O quizás esto sólo sea un cuento y nada de esto sea cierto. O quizás la antesala del Cielo con sus espejos conscientes esté más cerca, más a mano de lo que piensas. O quizás todo sea como un juego de niños: puedo dejar de jugar a ser médico para ser pintor o violinista. Quizás la magia de la noche nos envolvió y nos hizo ver cosas que nunca sucedieron.

Feliz estancia en la sala de espejos conscientes. Si en esta noche eliges dormir, puede que en sueños encuentres el camino que conduce hasta ella. Y si crees que esto es un cuento, que no existe nada de todo esto, pues muy bien. Cuando te corresponda y pises la antesala del Cielo, ya recordarás esta historia…

El mago y el niño

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Como sabéis, soy cuentacuentos y me encanta escribir y contar historias. Esta mañana iba a publicar “algo” en facebook y, de pronto, surgió un microrrelato. Publiqué una parte ahí, pero luego decidí darle forma y crear el microrrelato completo, subirlo al blog y hacer un pequeño comentario al respecto.

En esas estaba cuando se me ocurrió que, al igual que en mis talleres les cuento cuentos a algunas personas, gracias a la magia de las redes sociales podría contaros un cuento a vosotros que no os tengo tan cerca. Así que, ni corta ni perezosa, me he grabado contándoos el cuento para hacéroslo llegar por primera vez con mi propia voz.

Os invito a que compartáis también más abajo en los comentarios si queréis aquellas reflexiones o ideas que se os ocurran inspiradas por la historia del mago y el niño.

Muchas gracias y a disfrutar. Espero que os guste ;-).

 

El mago y el niño

…Y el mago le preguntó: – ¿Tú quién eres?

– Yo, soy tú – respondió el niño.

– ¿En dónde vives? Pareces perdido – volvió a preguntar el mago.

– Yo vivo dentro de ti – respondió el niño – Tú te perdiste hace tiempo, me perdiste hace tiempo, no yo. Yo no estoy perdido. Tú crees que sabes quién eres, pero en realidad no lo sabes, puesto que no me reconoces. Yo sé quién soy. ¿Puedes tú decir lo mismo?

Dicho esto, el niño volvió a desaparecer, dejándole un montón de preguntas sin respuesta. Un sabor amargo en la boca, una vaga sensación de náusea, una desazón que no quería reconocer.

¿Para qué debía hacerlo? Él era Merlín, el gran mago, el mejor mago de todos los tiempos. Nadie discutía su valía, ni hoy ni en los siglos venideros. Merlín, el mago, el alquimista, el maestro.

“Y sin embargo, mi boca amarga, hay un vacío en mi estómago. Algo que no quiero reconocer sucede hace tiempo.

¿Dice que él soy yo? ¿Que yo soy él? Es más, me reta a que le diga quién soy…

YO, EL GRAN MAGO… Y un niño me hace dudar.”


Comentario sobre “El mago y el niño”

Con este microrrelato he querido reflejar el dialogo interno del mago del que todos hemos oído hablar alguna vez: el mago Merlín. Me gustaba la idea de acercar a una persona poderosa que se supone que está en la cima del éxito y la fama y que debería estar muy satisfecha consigo misma según la forma en que se nos muestran las cosas en nuestra sociedad.

Al parecer no es así, y como Tenorio mágico en la noche de todos los santos, le visita un espectro infantil para remover su conciencia. Le hace enfrentarse a sí mismo, en la cúspide, desde lo más alto que una persona ha llegado en su camino profesional y personal. Y entonces…, ¿qué pasa? Él, tan importante, tan inaccesible, tan imperturbable, se siente perdido delante de un niño. Tan perdido que ni lo reconoce, no reconoce a su niño interno, al niño que fue.

Los mayores somos así, sumidos en nuestros mundos importantes, serios y orgullosos. Inflados como sapos de nuestra propia soberbia, en ocasiones nos olvidamos de ese niño que vive en nosotros. Nos olvidamos de soñar porque esas cosas solo las hacen los niños. Nos olvidamos de reír porque eso es poco serio, así como de colorear o de jugar con la plastilina. Nos olvidamos de sorprendernos con la vida porque estamos demasiado preocupados por cosas muy serias. Y, sobre todo, en algunas ocasiones nos olvidamos de vivir, tan ocupados estamos con las cosas de la vida de nuestro día a día.

Os animo, pues, a mirar cara a cara a ese niño que vive en vosotros, a conectar con él, a subir a las nubes izados por un globo, a tocar las estrellas, a perseguir unicornios en vuestros sueños y a que, al menos de vez en cuando, recordéis a ese mago, a ese gran mago y alquimista, que vive dentro de todas las personas.

Os animo a recordar para qué estáis aquí. Os animo a reunir el coraje suficiente para mirar a vuestro niño interno y decirle ”una vez cada ……………. te soy fiel”.

Para los niños que todas las personas fuimos y aún somos.

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