LOS GLADIADORES

“Ave caesar, morituri te salutant”.

Este saludo que dedicaban los gladiadores al césar antes de comenzar sus batallas es la frase que vino a mi cabeza cuando, hace unos días hablando con un amigo, él me decía: “Yo tengo asumido que algunos venimos a esta vida a luchar, a estar luchando siempre, y cuando terminamos con una batalla empezamos con otra, sin tregua…”. Y añadía también: “Yo ya lo he aceptado, pero quizás tú, que crees en las energías, el Universo y esas cosas, me puedas decir cuál es la razón de que esto sea así”.

Yo me quedé pensando en cómo, desde que llegamos a esta vida, podríamos saludar a un césar hipotético con: “Ave césar, los que van a morir te saludan”, porque si hay algo que es seguro desde nuestro nacimiento, es nuestra muerte.

Pensaba cómo nuestra vida se parece a la preparación de los gladiadores: vamos entrenando, alimentándonos y ejercitándonos, todo con el único fin de enfrentar batallas y luchar. Como en un ciclo sin fin, al igual que la rueda del dharma, se nos va seleccionando para saber en qué grupo iremos, como dice la famosa frase: ”Dios reserva las mejores batallas para sus más grandes guerreros”. Y así, una y otra vez saltamos a la arena y libramos la batalla que en ese momento nos toque.

Si salimos vencedores gozamos de una temporada de preparación, descanso y algo de relajación, pero, no obstante, de forma irremediable pende sobre nosotros, cual espada de Damocles, otra batalla, el siguiente adversario, el próximo escalón que superar para afrontar el ciclo que viene o para terminar de soltar el ciclo anterior, tanto da, porque como buen gladiador que eres te dices a ti mismo que el Universo, Dios, tú como alma planeando esta encarnación o las tejedoras del Destino, decidieron en algún momento que eras un Gran Guerrero y que, como tal, lo tuyo es la lucha, con lo que, más que aceptar, te resignas y así te entregas a la rueda sin fin, cual hámster de dos patas sin plantearte cualquier tipo de alternativa. Pero tal vez haya alternativa, ¿o estamos condenados a ser gladiadores? Y si así fuera, ¿dónde quedaría el libre albedrío?

Queridos gladiadores, durante toda esta semana que llevo pensando en este tema puedo ver en mi mente la imagen de la película Gladiator cuando Russell Crowe, en la última escena, pasea por los campos de trigo. Y la pregunta salta sola en mi mente: ¿qué pasaría si los gladiadores se negaran a luchar? Dentro de nuestra programación salta rápido la respuesta: “Pues que mueres”. Pero, ¿qué tal si la respuesta fuese: “Entonces, no hay juego”?

Quiero pensar, querido amigo, que nos entrenamos y creamos herramientas para ser capaces de entender que venimos a vivir, no a luchar. Que, sea cual sea la circunstancia que en este momento llega a mi vida, puedo elegir cómo vivirla y que, por dramática que sea la situación, hay una alternativa a la lucha. Y quiero pensar esto porque yo, que posiblemente sea una gladiadora con más edad que tú y curtida en más batallas, he descubierto que hay más fuerza en la relajación que en la tensión, que somos capaces de dar golpes más fuertes, contundentes y acertados desde la calma, mucho más que desde la alteración, que es más fácil fluir con el rio que intentar contenerlo.

Hay corrientes en este Universo que nos superan en fuerza y en entendimiento. Enfrentarse a ellas como grandes gladiadores es muy loable pero muy cansado, querido amigo, así que te comparto mi decisión: Deponer las armas, fundirme con la arena y caminar por los campos dorados. Sea cual sea la situación no quiero luchar más. He descubierto que es demasiado cansado. Así pues, me retiro del cuerpo de gladiadores.

Te espero en el equipo que recorre los campos dorados.

Eva Cassidy – Fields of Gold

EL UNIVERSO NOS ENVÍA FLORES

El Universo te envía flores o, lo que es lo mismo, señales o regalos. En su continuo ir y venir nos está hablando siempre. Pero, igual que cuando paseamos por el parque en primavera, sólo percibimos el aroma de las flores si estamos atentos, si tenemos nuestros sentidos abiertos a todo lo que nos rodea. Igual ocurre con esos ramos de flores que nos envía el Universo, sólo podemos recibirlos si estamos atentos, con todos nuestros sentidos despiertos, con nuestra percepción predispuesta y abierta a recibir los regalos que hoy nos esperan.

Sé que en este momento todos nos estamos yendo a esa parte material que todos tenemos, pero los regalos del Universo suelen ser algo más sutiles…

Quizá el portador de tu ramo de flores cósmico de hoy sea un amigo al que hace mucho que no ves y que te cruzas por la calle y, aunque no os da mucho tiempo de hablar, te dice que: “Me estás sorprendiendo gratamente, me encanta todo lo que publicas”. Y tú te quedas con la boca abierta, sin saber que decir, pero sabiendo que el Universo te está enviando un mensaje: “sigue por ese camino”.

Quizá al salir al rellano de tu escalera te encuentres a alguien que hace tiempo que no veías y que, momentáneamente, está en la calle en un día desagradable de viento y lluvia, le ofrezcas un té y un poco de charla y que, durante la espera, te cuente que aquellas palabras que escuchó en tu casa las guarda muy dentro del corazón… El Universo enviándote una rosa.

Quizá tu amiga la profe esté de viaje y te envíe fotos diciéndote que ese pequeño cuento que escribiste está gustando mucho a los niños allende los mares, al otro lado del charco… Ramo de flores y mensaje: “no dejes de hacer aquello que tanto te gusta”.

Quizá te llame una amiga en la que llevabas varios días pensando y, de pronto, marca tu número y os pasáis una hora al teléfono… El Universo: “presta atención y cuida a las personas que amas”.

Quizá alguien vino a tu consulta y te dijo: “Muchas gracias, me llevo más de lo que pensaba” o “Me ayudas a ver el mundo de forma diferente” o ”Sólo con contártelo, ya me siento mejor”… El Universo diciendo: “continúa trabajando, estás en el camino”.

Quizá una persona a la que nunca has visto, pero a la que un día decidiste hacerle el pequeño regalo de tu tiempo, hoy decide devolverte el favor y te envía varios audios en los que te confirma que estás totalmente enfocada en lo que tu alma ha venido a hacer… El Universo enviándote más flores.

Quizá de forma totalmente sorprendente puedes hacer el viaje de tu vida y mucho más barato de lo que pensabas si dejas los miedos a un lado y estás atenta a las señales… El Universo haciéndote regalos.

Y así muchos ejemplos más. Todo nuestro entorno nos está hablando en todo momento. Observa, observa, observa, nada es casualidad. Cada palabra que escuchas es un mensaje, presta atención. Cada persona que ves es un mensajero, presta atención. Cada canción que escuchas y te emociona trae una confirmación, presta atención.

El Universo te envía flores en cada momento, siempre hay magia a tu alrededor. Abre tu percepción, presta atención.

“Todos estamos en el camino. Con todo mi amor, esta es tu confirmación. Presta atención”.

Lo que trae el silencio

A veces, cuando estoy en silencio en ese espacio que algunos llaman meditar, otros hacer oración, otros lo llaman contemplación y, bueno, cada cual le da un nombre, el que a cada uno le sirve, siento que soy parte de “algo”. Me resisto a llamarle Dios porque las religiones se han apoderado de esa palabra y hay demasiadas connotaciones sobre ella. Parece que todos quieren apropiarse y llevarlo a su terreno para así poder racionalizar la experiencia. Como a mí no me apetece en ese momento que mis sensaciones pasen tantos filtros, prefiero disfrutar de ese instante en el que creo ser parte de “algo” y en el que, estoy convencida, ni yo ni nadie en este mundo, ni en ningún mundo, está solo. Sé, con una certeza total y absoluta, que alguien me escucha, que alguien me consuela, que alguien recoge mis lágrimas con amor, que alguien guarda en pompas de jabón mis risas, que alguien escribe en papiros nuevos y relucientes con elegante letra todas mis preocupaciones. Sé que soy amada porque siento el amor con tanta fuerza dentro de mí en ese momento que hay una certeza absoluta en mi corazón de la existencia de “algo, alguien” que no contiene ni es continente de ese amor, sino que “es” ese amor, sin vanagloria, sin fuegos artificiales, sin alboroto, ni estridencia, tan natural, tan tierno, tan real como la vida misma. En ese momento sé que todo lo bello existe, que todo el amor existe, que toda la luz existe y lo sé porque ese “algo, alguien” que siento como parte de mí es representante de ello. Y en ese breve instante, tan leve y tan fugaz, siento la pequeñez y la grandeza, todo al mismo tiempo, ser a la vez estrella y el Universo entero, la pequeña semilla y el inmenso campo de cereal, la minúscula gota y toda el agua de todos los océanos, la pequeña llama y todos los fuegos de todos los mundos, el breve instante y todas las eternidades unidas.

Durante un breve instante de certeza infinita sé que soy parte de Ti, aquel a quién no quiero poner nombre, y también que Tú habitas en mí, en ese espacio de mi interior en el que reina el silencio, al que sólo Tú y yo tenemos acceso.

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